Sistema táctil: tocar, coger, sentir- Parte I

Lo prometido… es deuda. En la última entrada, hablábamos de la integración sensorial. En este caso, me centraré en el sistema táctil. Este texto está dividido en dos partes, en la primera intentaremos entender las dificultades de procesamiento táctil de forma global: en qué actividades se observan, qué conductas se derivan de ellas y cuándo abordarlas.

En la segunda, veremos algunas estrategias sobre cómo afrontarlas y cómo facilitar el día a día a los niños que presentan estas dificultades.

Espero que después de la lectura, entendamos un poco mejor algunas de las sensaciones y reacciones de nuestros peques y podamos tener unas estrategias básicas para poder abordarlas.

Fuente: https://pxhere.com/

¿QUÉ ACTIVIDADES DIARIAS IMPLICAN AL SISTEMA TACTIL?

La respuesta es sencilla: TODAS. El día a día está lleno de actividades en las que interviene el sistema táctil: coger, tocar y sentir son tres acciones inevitables. Todos cogemos la cuchara, el boli, el bolso, la compra, la ropa… todos tocamos a una persona, la comida, las llaves, el jabón… y todos sentimos el frío, el calor, la rugosidad y/o suavidad de todas esas cosas. Por ello, nuestras preferencias varían según procesamos esas sensaciones.

El tacto, se recibe a través de la piel y, nuestro sistema nervioso autónomo reacciona protegiéndonos, de esta forma, podemos apartarnos ipso facto siempre que algo nos haga daño.

Pero no siempre es tan fácil. En ocasiones, nuestro sistema nervioso autónomo se activa en situaciones cotidianas impidiéndonos desarrollar la actividad con naturalidad. Todos buscamos nuestras estrategias para lidiar con esto pero… ¿qué sucede si no puedo?

¿QUÉ CONDUCTAS DERIVAN DE LAS DIFICULTADES DE PROCESAMIENTO TACTIL?

Muchos niños llegan del cole con notitas sobre su conducta: “le ha pegado de nuevo al compañero sin motivo aparente”, “no ha querido lavarse los dientes después de comer”, “durante la comida se ha mostrado muy nervioso, gritaba y ha tirado parte de la misma”, “ha vuelto a vomitar”, “debe de acabar la ficha de pintura de dedos en casa ya que no la ha tocado”, “en la hora del patio se ha escondido en el baño y no quería salir”, “es muy lento escribiendo y coloreando”, “tiene poco interés en hacer la letra dentro de las líneas”…

En casa no es muy diferente: “lavarle el pelo es una batalla campal”, “no hay manera de que frote bien las manos”, “cada vez que hay que hacer el cambio de ropa se vuelve loco”, “nunca acierto con la temperatura de la comida”, “todo se le cae de las manos”,  “el pelo lo lleva lleno de trasquilones porque no hay forma”, “en cuanto me doy la vuelta se ha desnudado”, “solo quiere ir descalzo”, “no sabe abrocharse los botones”, “es muy mal comedor”…

Y así podría seguir con millones de frases negativas que escucho a diario. Bien, seré clara, el niño no es un demonio, lo más probable es que todo aquello que le suponga TOCAR, COGER Y SENTIR, esté siendo procesado de forma diferente. Puede darle asco la pintura de dedos y verdaderas náuseas algún tipo de alimento. Puede sentir que le duele que le corten el pelo o la uñas o el raspado del cepillo de dientes. Puede percibir el simple toque de un compañero como una agresión, no porque quiera, sino porque su sistema nervioso así lo interpreta, de ahí que se defienda. O quizás lo que sucede no es que tenga poco interés en hacer bien la letra o colorear sino que… no percibe bien el lápiz o los colores en su mano. Puede sentir que cierta ropa le ahoga o incluso que le rasca la piel.

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Por estos motivos este sistema influye en el estado de alerta y la capacidad de atención afectando así a la organización conductual.

Entonces… ¿es justo que estemos continuamente repitiéndole que lo hace mal? O mejor dicho ¿está haciendo el niño algo mal? Y nosotros… ¿le estamos ayudando a entenderlo mejor?

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Veámoslo así: Si algo nos duele, nos hiere, nos molesta o nos hace daño de alguna forma posible y nuestro cuerpo reacciona ante ello, ¿estamos haciéndolo mal o es bueno que nos apartemos? Cuando una reacción es automática no podemos elegir la respuesta física que damos. Aprendemos a controlar nuestros impulsos y a ajustar esa reacción cuando se trata de otra persona pero… si nos estamos quemando la mano ¿soltamos el cazo con amor o lo lanzamos?

¿CUÁNDO DEBEMOS ABORDARLAS?

Cuando la forma de procesar esta información está limitándole en su día a día: rabietas constantes, rigidez en alimentación o evita el contacto con otras personas hasta el punto de afectar a su relación social. Cuando, en general, su día a día supone un sufrimiento porque, no lo olvidemos: a diario TOCAMOS, COGEMOS Y SENTIMOS.

 

 

Si quieres saber CÓMO hacerlo, no te pierdas la próxima entrada…

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ESCRITO POR: SONIA SORIANO

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