¿Qué me diría mi bebé?

Cuando oigo frases como “¿Pero ya anda?”, “¿Cómo es que no dices adiós?”, “Uy ¿aún no se mueve?”, “Pues su padre a su edad ya corría que se las pelaba”… Se me pone la piel de gallina pensando en ese niño y esos padres que tienen que escuchar constantemente estas preguntas a su alrededor y, encima, sonreír. A esas personas que, seguro con cariño pero siendo inconscientes del daño que pueden hacer, quiero decirles que no, que efectivamente el bebé aún no se mueve, no habla, no hace mil cosas y ¿sabéis por qué? PORQUE TIENE QUE APRENDER. Y ¿sabéis cómo? Con paciencia y desde luego, así no estamos ayudando ni al bebé ni a la familia.

Vivimos en una sociedad en la que predomina la INMEDIATEZ. Queremos algo y lo queremos para ayer. Cada vez utilizamos más la compra por internet porque “es más cómodo”. No hay que esperar colas, no hay que ir a cambiarlo, no hay que ir a sacar dinero, no hay que hacer nada; Si enviamos un whatsapp nos conectamos 20 veces a ver por qué no hay respuesta y, si tardamos en recibirla, llamamos por teléfono sin pensar que quizás la persona no puede atendernos; Si el ordenador tarda mucho en encenderse lo golpeamos, si se queda atascado apagamos de golpe; si el móvil funciona más lento de lo que queremos, lo cambiamos; Si el autobús se retrasa cogemos taxi… y así un sinfín de actuaciones que indican que, a día de hoy, hemos perdido la capacidad de saber esperar.

Nos pasa lo mismo con los niños: si lloran tienen que calmarse rápido, si gritan tienen que callarse enseguida, si no quieren comer no tenemos tiempo, si tardan mucho en vestirse se lo ponemos nosotros, si no saben la solución se la damos, si no llegan al juguete se lo acercamos…

Nos impacientamos porque, o no sabemos esperar a que el niño intente resolver la situación o nos puede más el contexto social que pararnos a pensar cómo darle las estrategias para conseguir el éxito. Con esta actitud, el mensaje que les estamos grabando a fuego es: NO SABES HACERLO.
Él está descubriendo el mundo y no necesariamente tiene que conseguirlo todo a la vez que los demás. Quiero que pienses que cuando sea más mayor, se le darán mejor unas cosas que otras, irá a una clase llena de niños y no será igual que ninguno. Carlos será genial en educación física, mientras que Jose lo será en matemáticas. Lucía escribirá unos cuentos para publicar y quizás María pueda ilustrarlos con su habilidad para el dibujo, mientras que Paco y Sandra solucionarán los conflictos entre los compañeros y Gloria nos derretirá con su sonrisa y sensibilidad. Cada uno, tendrá unas cualidades, pero todos serán compañeros.

Ahora mismo, el bebé tiene algo que a día de hoy no le damos: TIENE TIEMPO. Pero aquí viene la pregunta… ¿queremos dárselo? Estamos enseñándoles que en la vida vale más lo que se hace rápido y obtiene su recompensa inmediata, que lo que se hace pensando, que la paciencia ya no existe y que la impulsividad es la forma normal de actuar. Cuando estos niños crecen… ¿podemos pedirles que piensen?, ¿acaso les hemos enseñado a ello? Y lo más importante ¿les va a resultar útil en la sociedad que van a heredar?

Si os ha hecho reflexionar os aconsejo seguir con la siguiente carta:

“Queridos papás:
¡Hola! Soy vuestro bebé y vengo a contaros algo importante que afectará a mi desarrollo. Poco a poco voy a aprender muchas cosas, el mundo y la vida me parecen apasionantes y vivir mis descubrimientos con vosotros me hace muy feliz. Aún no hablo, pero sí que siento y padezco y noto vuestras alegrías y sufrimientos, por ello os pido que leáis con atención esto que os escribo, esperando que nos ayude a todos a ser más felices:

1. Tenéis derecho a darme tiempo para aprender. Es normal que no sepa hacer las cosas. Sé que cuando vamos al médico me hace unos ejercicios para comprobar si todo va bien y unas preguntas a vosotros que a veces contestáis con algo de miedo, como si no quisierais que supiera que me cuestan algunas cosas. No pasa nada si se lo decís porque la realidad es que tengo tiempo para aprenderlo y vosotros me estáis enseñando muy bien. Decidlo sin miedo porque así encontraremos la manera de favorecer mi aprendizaje.

2. Tenéis derecho a tener dudas. Sí, soy una pequeña personita de la que estáis muy pendientes y como estoy aprendiendo tantas cosas, a veces no las hago bien, me cuesta, o incluso tengo conductas un poco extrañas. Pues bien, podéis preguntar a un profesional. Sí sí, al pediatra, a un experto en desarrollo infantil, o a alguien que tenga la formación correspondiente en el área. ES NORMAL que no sepáis todo, tenemos tiempo para aprenderlo juntos.

3. Tenéis derecho a valorar mis esfuerzos. Sé que a veces es difícil no mirar a otro bebé y pensar “pues tendrá más o menos como mi hijo pero mira que bien se mueve”. Quiero deciros que, aunque yo no me mueva con tanta soltura, es posible que haga otras cosas menos visibles a esta edad, pero que son igual de importantes. Puede ser que me comunique mejor, que sepa más, que sea más espontáneo o divertido. No os pongáis tristes ni me comparéis, y, si el caso es al revés, no hagáis preguntas incómodas a los papás de mi amigo, recordar que estamos aprendiendo y cada uno tenemos un ritmo. Alegraros siempre por mí y por vosotros porque lo que sé, me lo habéis enseñado muy bien. Mi amigo y yo tenemos tiempo para aprender lo que el otro hace mejor.

4. Tenéis derecho a enfadaros y frustraros. Muchas veces las cosas no serán como habíamos planeado, no pasa nada, podemos hablarlo. Si me lo haces entender, intentaré mejorarlo porque, no te olvides, tengo tiempo para aprenderlo.

5. Tenéis derecho a contestar a los demás. Si el resto de personas no respetan mi ritmo, podéis explicárselo y hacerles entender que no nos están ayudando. Yo aún no puedo hacerlo y dependo de vosotros para que os expreséis por mí. No hablo, pero sé cuándo hablan de mí y percibo muy bien si es en tono de decepción o alegría. Defendedme, decidles que TENGO TIEMPO.

6. Tenéis derecho a tener paciencia. Por suerte, voy a estar muchos años desarrollándome y aprendiendo. Por ello, será inevitable que con el paso de la edad, las preguntas continúen… ¿ya se viste sólo? ¿aún no se hace la cama? ¿recoge su cuarto? ¿te ayuda en casa? ¿qué tal las notas? ¿pero le dejas salir con los amigos? ¿qué va a estudiar? ¿ya tiene trabajo? ¿se casa?… así que tendremos que ser pacientes porque SIEMPRE seré vuestro hijo y eso es mucho tiempo.

7. Y lo más importante: tenemos derecho a ser felices. Si actuamos de forma impulsiva y rápida, sin tiempo, sin aprender… no podremos saborear ni disfrutar de esos pequeños momentos que nos regalamos: una sonrisa, mi primera palabra, mis primeros pasitos, un gesto de cariño… si adquirimos la actitud de la sociedad de la inmediatez, aprenderé a la fuerza sin disfrutar de ese camino y el fruto de esa actitud no será tan sabroso cómo el que nos ofrece el dedicarnos tiempo. Cuanto más tiempo nos demos para conocernos, más podremos entendernos y disfrutarnos. Olvidaros del resto, ahora, somos nosotros y el tiempo es nuestro.

 

Os quiere mucho,
Vuestro bebé”

Nota de la autora: este texto no pretende quitar importancia a las dificultades, se ha escrito con la intención de recordar que cada niño es un mundo y cada familia un universo. La intención es animar a todos aquellos que tengan dudas sobre el desarrollo a consultar con los profesionales pertinentes.
Sonia Soriano Benito
Terapeuta Ocupacional

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