Hablemos de dislexia… Segunda Parte

En la anterior entrada “Hablemos de Dislexia… Primera Parte“, expliqué cómo leemos los lectores “normales” para poder así, de forma sencilla y visual, haceros entender qué es lo que falla en un niño o niña con dislexia. Expliqué el cómo pero dejé en el aire una pregunta:

¿POR QUÉ OCURRE TODO ESTO?

Existen infinidad de teorías al respecto… y no voy a detenerme en explicar cada una de ellas… no es mi finalidad. Lo que sí que desearía haceros entender de forma clara es que sí… existe una causa. Y esa causa está en nuestro cerebro.

Y lo voy a tratar de explicar de la forma más sencilla posible…

Nuestro cuerpo está formado por millones de células. Cada una de ellas tiene que cumplir una determinada misión. Para ello, cada célula debe hacer un determinado recorrido para ubicarse en un lugar concreto. Este recorrido que realizan se llama migración celular.

Pues bien… se ha podido comprobar que existen algunas neuronas un tanto despistadas que cuando han llegado a la corteza cerebral no son capaces de ubicarse correctamente y se colocan en sitios que no les corresponde. Son las llamadas ectopias. Y en niños y niñas disléxicos, se localizan en áreas muy concretas del cerebro relacionadas con la lectura.

Si a esto además le añadimos factores genéticos y anomalías en diferentes estructuras cerebrales… ¡¡¡ TACHÁN !!! Resulta que el niño disléxico no es que no aprenda porque no quiera o porque sea vago…. ¡NO!

Y para rizar el rizo, pensemos una cosa: el ser humano lleva en la tierra millones y millones de años… Pero… ¿la lecto-escritura? ¿no es un invento del ser humano mucho posterior a su existencia?

En el comienzo de nuestra existencia, nuestro cerebro no estaba preparado para leer ni escribir. La lectoescritura no deja de ser un código impuesto de forma completamente aleatoria (podríamos tener otros muchos códigos de comunicación).

Somos capaces de leer por la llamada neuroplasticidad cerebral. Nuestro cerebro es capaz de aprender y de adaptarse… pero como hemos podido comprobar, no es así en todos los casos… no al menos del mismo modo.

Y quizás os surja otra pregunta:

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Ya os he contando antes que las neuronas siguen un determinado camino hasta que se ubican en un lugar concreto del cerebro para cumplir su misión…

Contestadme ahora a una pregunta…

¿Qué pasa cuando una hilera de hormigas ve interrumpido su camino?

3…2…1

¡Efectivamente! Esquivan el obstáculo y buscan un camino alternativo.

Justo esto es lo que podemos hacer… buscar caminos alternativos y…

 CONVERTIR LAS DIFICULTADES… EN POSIBILIDADES

Y mis recomendaciones…

 Documental: Palabras al viento.

 Película: Taare Zameen

Os ayudarán a ampliar información y a entender la dislexia mucho mejor.

Estoy segura de que os encantarán.

Y no me puedo despedir sin antes comunicaros que…

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Comentarios en “Hablemos de dislexia… Segunda Parte

  1. Muy buena tu explicación, pero me si no te importa me gustaría completarla con lo que yo creo.
    A menudo pienso que se reduce la dislexia a los problemas con la lecto-escritura. Yo creo que más bien la dislexia es un síntoma de una incorrecta configuración del cerebro (las ectopias), que no se manifestaría como tal si los humanos no hubieramos desarrollado la escritura, pero que seguirían existiendo y manifestándose en los otros síntomas que suelen a acompañar, en mayor o menor medida, a la dislexia: la falta de coordinación, los problemas de orientación tanto espacial como temporal, los problemas de memoria para lo que no experimentan en persona, los problemas con las secuencias y las seriaciones, etc.

    Por qué creo que ocurre esto, porque las zonas del cerebro afectadas en un disléxico son las zonas que están relacionadas con la lecto-escritura, pero esa no es su misión primordial (nuestro cerebro no está “programado” para leer, para ello usamos zonas que están programadas para otras tareas) la misión para la cuál están programadas son esas otras tareas para las que sí que estamos programados y en la que los disléxicos también son deficientes.

    No sé si me he explicado bien, pero digo todo esto porque a menudo es muy costoso hacer entender a los docentes que los problemas de mi hija disléxica no son únicamente con la lectoescritura, y que los otros problemas que presenta (los que he enumerado antes) no son achacables a su carácter sino a su condición neurológica.

    También considero que si prestara más atención a esos síntomas asociados a la dislexia, que ya se manifiestan en los niños desde infantil, se podría diagnosticar a los niños muchísimo antes y por lo tanto empezar a poner medios desde muy temprano, ahorrándoles mucho sufrimiento.

  2. Hola Mercedes!

    Muchas gracias por tu aportación. La dislexia no es sólo un problema de lecto-escritura. Existen muchos otras dificultades que se presentan de forma paralela, como bien dices. Y entiendo a qué te refieres.

    Nuestro cerebro no estaba preparado para leer o escribir, ha aprendido a hacerlo, creando nuevas conexiones. Y existen numerosas evidencias de la existencia de problemas neurológicos. En un niño disléxico, es probable que dichos problemas se hagan más explícitos en el cole cuando se comienza a aprender a leer y a escribir y el resto de “síntomas” pasan más desapercibidos. En muchas ocasiones el desconocimiento hace que la escuela se convierta en un “hueso duro de roer”. Pero, aunque no todos, siempre hay profesores dispuestos a aprender y ayudar.

    No tengo más que darte la razón en cuanto a que hay que estar atentos a las “señales de alerta” que se presentan en infantil. Porque las hay, sólo hay que darlas a conocer. Interesante cuestión. Es posible que escriba sobre ello 😉

  3. Excelente el comentario de las dos.Solo conociendo profundamente sobre el tema es como se pueden expresar con tanta claridad estos conceptos,que incluso son confusos hasta en la bibliografía especializada.Soy pediatra y padre de un niño disléxico,con el cual convivimos junto con mi familia todos los días,observando lo difícil que es transitar en forma adecuada por este mundo lleno de palabras, cargando la mochila de esta dificultad.Siempre refiero, que así como es en la palabra donde se encuentra su DIFICULTAD,también es allí donde se encuentra su SALVACION.Hasta que no entendamos que es solo la modificación de los sentimientos arraigados en lo profundo de la persona de estos niños,lo que realmente hay que cambiar,seguiremos indefectiblemente fracasando.Esto es debido,y a los resultados y hechos me remito, al enfoque totalmente errado generado por las teorías psicogenicas,hoy refutadas por las inexorables evidencias científicas.Este es un problema genético,neurobiologico,hereditario,que acarrea graves consecuencias emocionales de no ser tratado adecuadamente.Nosotros somos seres emocionales con raciocinio,no seres racionales con emociones.Nuestro sistema limbico es mucho,mucho más antiguo que nuestro cortex.Por lo tanto en nuestra palabra y en nuestros gestos se halla la solución,siempre y cuando uno tenga en claro donde radica el problema.La palabra tiene EL PODER de modificar sentimientos,tanto para bien como para mal.Basta un comentario desatinado,o un gesto inadecuado dando a entender que la persona esta sacando provecho de la situación, para sacar una ventaja ,como para tirar todo por la borda.Nunca lograremos un campo fértil y adecuado para el aprendizaje,sino modificamos previamente las emociones que llevan a tomar una actitud inadecuada para no seguir intentando.Actitud negativa,generada por nosotros y solo por nosotros,debido a nuestra falta de conocimiento y comprensión.Nunca de esa manera vamos a lograr que aprendan nada.Nosotros hemos transformado a la dislexia en un problema y solo en nosotros se encuentra la solución.Es nuestra ACTITUD la que primero tiene que cambiar, si es que pretendemos que cambie la de ellos con el fin de ser apta para un aprendizaje adecuado.Es la persona en su totalidad la que se encuentra afectada,en el dislexico,no se encuentra solo un problema de la lectura o la escritura.Hasta que no tengamos en claro esto las personas disléxicas seguirán fracasando,y será debido a nuestro fracaso por no haber sabido utilizar con responsabilidad nuestra razón.

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